La
escuela diferenciada ofrece mejores posibilidades para lograr el
rendimiento académico de sus alumnos, porque el desarrollo de niños y
niñas está sujeto a diferentes velocidades. Las chicas maduran
biológica y psicológicamente antes que los chicos y este hecho suele
tener un gran impacto sobre el rendimiento escolar. De ordinario, hasta
los 16 años al menos, las chicas rinden intelectualmente más que los
chicos. El desarrollo cognitivo en el varón en la infancia y la
adolescencia es más lento y torpe, aunque su recorrido intelectual
pueda ser de más largo alcance, e incluso alcanzar más tardíamente
niveles altos.
En un sistema
coeducativo, la diferencia de maduración personal pueden perjudicar el
rendimiento académico de algunos chicos en relación con el que alcanzan
sus compañeras. De ordinario, en las aulas mixtas con alumnos entre los
12 y los 16 años, los primeros puestos los ocupan chicas, por lo que
muchos chicos pierden autoestima y reducen su nivel de aspiraciones al
no resistir la comparación con sus compañeras. Los chicos se quedan
atrás en destrezas verbales (lengua, literatura e idiomas) y sufren en
una alta proporción problemas de aprendizaje y disciplina. La mujer es
más capaz de comprender, de explicarse y de verbalizar los aspectos
emocionales de una relación. Los varones tienen más vitalidad son más
inquietos que las niñas y les cuesta mantener la atención durante mucho
tiempo, maduran más lentamente y tardan más tiempo en aprender a
controlar sus impulsos. De hecho, son varones tres cuartas partes de
los alumnos que precisan programas de educación especial por
dificultades de aprendizaje: los chicos presentan una probabilidad
cinco veces mayor de sufrir dislexia o déficit de atención y son mucho
más propensos a generar problemas de disciplina en las escuelas.
Algunos
autores han demostrado que las chicas rinden más, en asignaturas
tradicionalmente masculinas, cuando están solas. En las clases
separadas, las chicas suelen encontrar más facilidad para destacar en
materias científico-técnicas y en matemáticas, en las que
tradicionalmente se considera que los chicos son más aptos. No pocos
piensan que la escuela mixta se reduce, por razones curriculares, a una
enseñanza para chicos que se imparte también a chicas. Esto ha llevado
a que algunas escuelas mixtas establezcan aulas separadas por sexo para
ciertas materias, con buen resultado.
Algunos
pensaban que el sistema mixto serviría para estimular la competencia
escolar: los chicos emularían la diligencia, la aplicación, el orden,
la constancia y la intuición de las chicas, mientras que éstas
adquirirían mayor claridad en el juicio y en la expresión. Pero ésto no
ha sido así, en gran parte debido a asimetrías irreductibles en los
estilos cognitivos, genéricamente muy distintos. Existen fuertes
condicionantes neurobiológicos que justifican hablar claramente de un
modo masculino o femenino de aprender y de conocer, y que no pueden ser
asimilados sin producir desconcierto: la cognición de la mujer es más
emocional y sintética, más completa, aunque menos analítica.
En
algunos casos, esas diferencias conducen a consecuencias negativas que
podrían haberse evitado en un contexto educativo que respetase el
diverso proceso de desarrollo y maduración en unos y otras . Por eso,
en los últimos años se han levantado numerosas voces de expertos que
denuncian el fracaso de la enseñanza mixta especialmente en el caso de
los alumnos varones, por el alto grado de fracaso académico, en
comparación con las chicas.
Por el
contrario, son abundantes las investigaciones que señalan que los
alumnos de centros de enseñanza diferenciada obtienen mejores
resultados académicos. Un estudio riguroso de F. A. Mael concluye que
la escolarización diferenciada por sexo tiene beneficios positivos para
el rendimiento académico tanto en el caso de las mujeres como en el de
los hombres. También Bryk, Lee y Holland aseguran que la asistencia a
escuelas diferenciadas afecta positivamente al rendimiento académico.
Los
resultados correspondientes al curso 2001-2002 de las pruebas del
General Certificate of Secundary School, que se realiza al término de
la enseñanza obligatoria, de los 20 mejores colegios públicos y
privados de Inglaterra y Gales, 13 son de educación separada; en el
caso de los colegios públicos (que escolarizan al 80% de los alumnos),
seis de los diez mejores no son mixtos.
En
un estudio realizado por Lee y Brik, a partir de una muestra de 1.807
alumnos de 75 escuelas de secundaria en Estados Unidos, los estudiantes
de escuelas con enseñanza separada obtenían un mayor rendimiento
académico y aspiraciones más altas. Los efectos entre las alumnas eran
aún mejores: dedicaban más tiempo a su tarea escolar, y mostraban más
entusiasmo en la literatura y en las matemáticas.
En
el último Informe sobre las escuelas secundarias de Ontario realizado
por el Instituto Fraser, diez de las 16 escuelas con mejores
calificaciones académicas son colegios con enseñanza separada.
Hay dos investigaciones que merece la pena destacar, por la amplitud de la muestra estudiada y por su actualidad:
Un
estudio de la National Foundation for Educational Research de
Inglaterra, que fue comisionada para evaluar los efectos del tamaño y
del tipo de escuela en la eficiencia académica. Estudió casi 3.000 high
schools de Inglaterra. En su informe, publicado el 8 de julio de 2002,
señala que el rendimiento académico de las muchachas y los muchachos de
las escuelas secundarias públicas de un solo sexo eran
significativamente mejores.
Un año
antes, en 2001, el Australian Council for Educational Research realizó
otro estudio que comparaba resultados de escuelas diferenciadas por
sexo y coeducacionales, después de seguir la evolución de 270.000
estudiantes durante seis años. El informe mostraba que los alumnos y
alumnas educados en aulas de un solo sexo habían obtenido resultados
académicos entre un 15% y un 22% mejores que los que frecuentaban
escuelas mixtas. Por otra parte, señalaba que era más exigente el nivel
del plan de estudios, más agradable el ambiente de trabajo, y mejor el
comportamiento de los alumnos.
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NOTAS
1.
V.E. LEE, H. MARKS, y T. BYRD: Sexism in single-sex and coeducational
secondary school classrooms. «Sociology of Education» (1994) pp. 67,
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of Research in Science Teaching» (1993. pp 30, 537-545. C.L. MASON, and
J.B. KAHLE: Student attitudes toward science and science-related
careers: A program designed to promote a stimulating gender-free
learning environment «Journal of Research in Science Teaching» (1989)
pp. 26, 25-39.
2. POLAINO-LORENTE, A.: Coeducación: un cierto riesgo (1999).
3. R.
W. CONLON: Teaching the boys: New research on masculinity and gender
strategies for schools. «Teachers College Record», 98, 2, (Invierno
1996) pp. 206-35. - D. KINDLON y M. THOMPSON: Raising Cain: Protecting
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española en 2000, Educando a Caín, Ed Atlantida, Buenos Aires - J.
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4.
V. E. LEE, y A. S. BRYK: Effects of single-sex secondary schools on
students achievement and attitudes. «Journal of Educational Psychology»
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V. E. LEE, y A. S. BRYK, Effects of
single-sex schools: response to March. «Journal of Educational
Psychology» 81:4 (1989) pp 647-650. - V. E. LEE, y H. M. MARKS:
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Research» 65 (1994) pp. 486-510. - D. G. SMITH: Women's colleges and
coed colleges: Is there a difference for women? «Journal of Higher
Education», 61, (1990), 181-197 - D.J. YOUNG y B.J. FRASER: Science
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in Science and Technological Education», 8, (1990) 5-20.
5. F.
A. MAEL: Single-sex and coeducational schooling: Relationships to
socioemotional and academic development. «Review of Educational
Research» 68:2 (1998) pp101-129.
6. A.S.
BRYK, V.E. LEE, y P.B., HOLLAND, Catholic schools and the common good.
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7. V.E.
LEE, y A.S. BRYK: Effects of single-sex secondary schools on student
achievement and attitudes. «Journal of Educational Psychology» (1986)
pp 78, 381-395.
8. Globe and Mail, 19 abril 2003
9. Puede consultarse en http://www.nfer.ac.uk/research/pub_template.asp?theID=289
10. Se
Puede leer un resumen del informe de ACER en su página web
http://www.acer.edu.au/news/MR_pages/MR_singlesexschools%2020.04.00.html