¿Juntos
o separados? Las mujeres y los varones aprenden diferente, los hombres
se destacan en matemáticas mientras que las mujeres lo hacen en
ciencias humanísticas, y la maduración de unos y otros es distinta.
Estas son algunas de las consideraciones del presidente de Estados
Unidos, George W. Bush para impulsar, desde 2002, la creación de
escuelas para varones y escuelas para mujeres; y propone así la mayor
reforma en el sistema educativo público norteamericano de las últimas
tres décadas.
En
la Argentina, la tendencia es inversa: de unos años a esta parte, los
colegios laicos, tanto públicos como privados, fueron sumándose a la
modalidad de la educación mixta, en parte por la demanda de la sociedad
y, otro tanto, por contagio, apostando al rol integral de la escuela
más allá de cuestiones biológicas, y dejando cada vez más lejos a las
primeras escuelas medias del siglo XVI que nacieron de la mano de los
jesuitas como internados para mujeres y varones por separado. Hoy por
hoy, sólo algunas escuelas, religiosas, perseveran en la educación
diferenciada, para mantener la tradición y como una forma natural de
educar, pues consideran que así se respetan mejor las diferencias
naturales.
Cultura y naturaleza
Desde Estados Unidos y para avalar la modalidad de educación por sexos,
la neuropsiquiatra Louann Brizendine afirma que las diferencias entre
hombres y mujeres están en el cerebro. Mientras, el antropólogo
británico Demond Morris dice que la biología es el punto de partida de
las diferencias, y que luego la cultura tendrá su rol. Según un estudio
de la Universidad de Cambridge, en una clase razonada y analítica, las
mujeres se aburren, pero si se explica de forma rápida y explícita son
los varones a quienes les cuesta concentrarse. Los supuestos que
plantean estas investigaciones, que postulan que ellos son mejores en
matemáticas y ellas en cultura general, son uno de los argumentos
fuertes para mantener la distancia en la educación. Para Eduardo
Panaia, Director general del colegio Lasalle, se trata de una mirada
prejuiciosa: “Son condicionamientos culturales que responden a una
estructura de dominación. Nosotros hemos tenido chicas excelentes en
disciplinas duras. Es una cuestión de modalidades de inteligencia, de
intereses, del contexto en el que se desarrollan.” María Elizabeth
Vierheller, Licenciada en Gestión Educativa y docente del colegio de
mujeres El Buen Ayre, en cambio, afirma: “Hay diferencias en el
rendimiento. En los colegios de mujeres, es bueno poner más horas
curriculares de matemática y computación, y más horas para literatura o
disciplinas artísticas en los de varones.” El Buen Ayre integra, junto
a otros 15, la Asociación para la Promoción Deportiva, Educativa y
Social (Apdes), creada en 1970 por un grupo de padres, con impronta
católica, sedes en La Plata, Tucumán, Mendoza, Córdoba y Rosario, y más
de cinco mil doscientos alumnos matriculados. Ella sostiene que otro
fundamento más de la educación diferenciada son los efectos que puede
provocar la mera presencia del otro sexo: “En las escuelas
diferenciadas, hay varones brillantes en lo artístico, algo que quizás
no se daría si estuvieran con mujeres. Tienen profesores en todas las
disciplinas, y si fuera un colegio mixto, las mujeres darían lengua y
literatura y los hombres, matemática y física, porque son las áreas en
las que se desarrollan naturalmente.”
En relación con la fuerte inhibición y distracción que puede producir
el sexo contrario, afirma: “Es en la escuela mixta donde se marcan más
los estereotipos.”
Varones y mujeres por separado
Se ha sugerido desde lo científico que alumnos de bajos recursos de
escuelas urbanas aprenden mejor cuando son separados por sexo. En otros
casos, las investigaciones reflejan que los adolescentes, varones en
particular, suelen avergonzarse o intimidarse en clases mixtas, lo que
afecta su rendimiento. A esas investigaciones, la mayoría de los
especialistas argentinos responden que, en el mundo real, mujeres y
hombres conviven por igual, por lo tanto sentirán la misma vergüenza y,
todo les costará más. Para la especialista Vierheller, “La
sociología invadió la educación, y el problema es cómo se defina la
escuela. Si se considera que la familia es el primer ámbito de
socialización, donde están presentes los dos sexos, en la escuela se
contribuye a forjar la identidad propia de varones y mujeres. En la
mixta es más complicado, hay que darle a cada uno lo que necesite para
crecer. Si la escuela tiene que ser un reflejo de la sociedad que entre
todo, lo que te gusta y lo que no… Hay otros lugares para socializar
como los clubes.”
Carlos Rossi, Rector del San Martín de Tours de varones, considera: “En
la actualidad no se pierde prácticamente nada por no tener una chica
sentada al lado, hoy los diálogos y las relaciones entre jóvenes se dan
lo mismo en otros espacios, no es como antes”. El colegio fue creado en
1960 y pertenece a la orden de San Agustín. “No hay una legislación que
indique que las escuelas tienen que ser mixtas. Acá las familias piden
que sea un colegio de varones, nos eligen por eso, por la tradición. Es
un modo de trabajar, hay actividades que los chicos hacen mejor que si
estuvieran con chicas, como en los recreos o en los deportes. Tienen
más libertad.. Somos muy poquitos los colegios de varones solos, y por
lo general los padres que solicitan matrícula también fueron a escuela
de varones o mujeres solas”.
Educación mixta
El colegio Lasalle está ubicado en el Gran Buenos Aires desde 1961, la
sede central de Capital Federal data de 1892. Sus aulas fueron pobladas
por varones durante mucho tiempo, y tímidamente se fueron sumando las
mujeres a partir de 1987 como resultado de una propuesta de la escuela.
“El proceso es que si la realidad del ser humano es mixta y la escuela
es un espacio de aprendizaje, tenemos que crear las condiciones para
que varones y mujeres puedan aprender a vivir juntos”, dice Eduardo
Panaia, Director general de la institución. “Yo creo que todo aquello
que esté en cercanía para la vida, es lo mejor. Y si se pueden
relacionar las áreas curriculares con la vida de los chicos, es también
una propuesta más cercana a sus posibilidades. Nosotros no hemos tenido
más problemas con los chicos que los que tienen la sociedad en
general”. Lo de colegio Northlands, de la Ciudad de Buenos Aires,
institución donde cursó la princesa Máxima, también fue algo
progresivo. Esta institución que nació como espacio educativo para
mujeres, en 1996 abrió el jardín de infantes mixto. “Fue un proyecto
sencillo dentro de la comunidad”, comenta Florencia Sackmann Sala,
Directora de Desarrollo Humano de la escuela. “Cuando esos chicos
llegaron a sala de 5, se armó un comité de padres para contar las
ventajas de tener escuela mixta también en primaria.” Los padres
juntaron firmas, y en el año 2000 se incorporaron hombres a primer
grado. La secundaria, por ahora, sigue siendo de mujeres. “El cambio se
dio en gran medida para que los padres pudieran enviar a sus hijas e
hijos a la misma escuela, pero también porque todas las escuelas
bilingües estaban en ese camino, y en algunas que habían sido sólo de
varones por ejemplo”. Más categórica, Silvina Gvirtz, Directora
de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés e
investigadora del Conicet, sostiene: “Las experiencias de escuelas de
un solo sexo generan modelos discriminatorios para uno y otro lado. Lo
mejor que podemos hacer es fomentar la buena convivencia entre varones
y mujeres. Establecer relaciones más igualitarias, menos artificiales.
Incluso estar en escuelas separadas genera una avidez muy grande por
encontrarse después con los del otro sexo. Por algún lado manifiestan
su adolescencia…”.
Juntos y separados, una tercera opción
Los especialistas coinciden en que la perspectiva biologicista se
transmite en la cultura y en la educación, que no sólo puede
considerarse el rendimiento a la hora de educar, y que aprender y jugar
tiene que ser todo compartido ya que jugar también tiene una dimensión
intelectual. Por eso, en el St. Catherine´s Moorlands tienen una
tercera opción: varones y mujeres estudian en aulas separadas pero
comparten los recreos y actividades extracurriculares. La escuela tiene
50 años. Hace 11 que abrieron la inscripción a los varones, pero ya
unos catorce años antes habían inaugurado esa modalidad en una segunda
sede.
“Los varones tiene otros tiempos y otros intereses”, asegura María
Julia Hiriart, Directora de Estudios del colegio. “Descubrimos que el
ritmo de aprendizaje y las motivaciones son diferentes. Al varón le
cuesta más la formación del pensamiento lógico formal, es más concreto.
La chica puede hacerlo antes. El varón naturalmente se inserta en el
deporte más que la mujer. Las chicas lo hacen, pero de otra manera.
Estar separados nos da resultado.”
Hiriart considera que, además, el respeto por la identidad de cada uno
de los sexos en ciertas etapas es importante. Por eso, la división se
hace entre los 5 y los 16 años, pero suponen que luego la maduración
está más equiparada y pueden integrarse para cursar juntos los últimos
dos años de bachiller.
Formación integral, diversidad y diferencias
Para algunos docentes, la integración y la diversidad es lo más
importante. Para otros, la escuela no es el primer lugar de
socialización sino la familia, y, por tanto, el rol de los educadores
es transmitir conocimiento y poner especial énfasis en la parte
intelectual.
“La
escuela no sólo es para enseñar matemática y lengua”, concluye Gvirtz,
“Cuando no son mixtas, las chicas tienen mejor rendimiento en
cuestiones académicas, pero la escuela hace a la formación integral, y
en eso está la convivencia con otros del mismo sexo”.
José María del Corral, presidente del Consejo General de Educación del
Arzobispado de Buenos Aires, tiene una mirada bien amplia. “Me parece
que es buena la diversidad de todo tipo”, dice quien trabaja en
proyectos interreligiosos y defiende la educación mixta. “Es necesario
crecer en eso, así se respeta la diversidad de desarrollo y se mejoran
las relaciones, lo que no quita que en algunas actividades estén
separados. Incluso, los mismos chicos muchas veces piden. En educación
sexual, por ejemplo, hay cosas que les gusta compartir y otras que no.”
Los educadores
reconocen que existen diferencias en las etapas de maduración de
varones y mujeres, y que cada uno tiene problemáticas particulares,
cuestiones a las que es necesario prestar atención. Estados Unidos
implementará la reforma especialmente en colegios privados, pero
también alentará al sector público, en el que se incrementaron de 3 a
241 la cantidad de escuelas diferenciadas en los últimos 10 años, según
las estadísticas. Pero el asunto también se esta debatiendo en ciudades
de Europa, Asia y Australia. |